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1 Macabeos 15

1 Macabeos 15

El rey confirma los derechos y exenciones del pueblo judío

1 [3634] Desde las islas del mar escribió el rey Antíoco, hijo de Demetrio, una carta a Simón, Sumo Sacerdote y príncipe del pueblo de los judíos, y a toda la nación;

2 cuyo tenor es el que sigue: “El rey Antíoco a Simón, Sumo Sacerdote, y a la nación de los judíos, salud.

3 [3635] Habiéndose hecho dueños del reino de nuestros padres algunos hombres malvados, tengo resuelto libertarlo y restablecerlo en el estado que antes tenía, para cuyo fin he levantado un ejército numeroso y escogido, y he hecho construir naves de guerra.

4 Quiero, pues, entrar en esas regiones, para castigar a los que han destruido mis provincias y asolado muchas ciudades de mi reino.

5 Pero a ti desde ahora te confirmo todas las exenciones de tributos que te concedieron todos los reyes que me han precedido, y todas las demás donaciones que te hicieron.

6 Te doy permiso para que puedas acuñar moneda propia en tu país;

7 y quiero que Jerusalén sea santa y libre, y que todas las armas que has fabricado, como también las plazas fuertes que has construido, y están en tu poder, queden para ti.

8 Te perdono desde ahora todas las deudas y regalías debidas al rey y a la real hacienda, tanto por lo pasado como por lo venidero.

9 Y luego que entremos en la posesión de nuestro reino, te colmaremos de tanta gloria a ti y a tu pueblo, y al Templo, que resplandecerá por todo el orbe.”

10 El año ciento setenta y cuatro, entró Antíoco en el país de sus padres, y al punto acudieron a presentársele todas las tropas, de suerte que quedaron poquísimos con Trifón.

11 [3636] Luego el rey Antíoco le persiguió; pero huyendo Trifón por la costa del mar, llegó a Dora.

12 Pues veía los desastres que sobre él iban a llover, habiéndole abandonado el ejército.

13 Entonces Antíoco fue contra Dora con ciento veinte mil hombres aguerridos, y ocho mil caballos;

14 y puso sitio a la ciudad, haciendo que los navíos la bloqueasen por la parte del mar; con lo que estrechaba la ciudad por mar y por tierra, sin permitir que nadie entrase ni saliese.

Cartas de Roma en favor de los judíos

15 [3637] A esta sazón llegaron de la ciudad de Roma, Numenio y sus compañeros, con cartas escritas a los reyes y a las naciones, del tenor siguiente:

16 [3638] “Lucio, cónsul de los romanos, al rey Ptolomeo, salud.

17 Han venido a nosotros embajadores de los judíos, nuestros amigos, enviados por Simón, príncipe de los sacerdotes, y por el pueblo judío con el fin de renovar la antigua amistad y alianza;

18 y nos han traído al mismo tiempo un escudo de oro de mil minas.

19 A consecuencia de esto hemos tenido a bien escribir a los reyes y a los pueblos que no les causen ningún daño ni les muevan guerra a ellos, ni a sus ciudades y territorios, ni auxilien tampoco a los que se la hagan.

20 Y nos ha parecido bien aceptar el escudo que nos han traído.

21 Por lo tanto, si hay algunos hombres malvados que, fugitivos de su propio país, se hayan refugiado entre vosotros, entregádselos a Simón, príncipe de los sacerdotes, para que los castigue según su ley.”

22 [3639] Esto mismo escribieron al rey Demetrio, y a Atalo, y a Ariarates, y a Arsaces;

23 como también a todos los pueblos, a saber, a los de Lámpsaco, y a los de Lacedemonia, y a los de Delos, y de Mindos, y de Sición, y a los de la Caria, y de Samos, y de la Panfilia, a los de Licia, y de Alicarnaso, de Coo, y de Siden, y de Aradón, y de Rodas, y de Fasélides, y de Gortina, y de Gnido, y de Chipre, y de Cirene.

24 Y de estas cartas, enviaron los romanos una copia a Simón, príncipe de los sacerdotes, y al pueblo de los judíos.

Ruptura de las relaciones entre el rey y Simón

25 A este tiempo el rey Antíoco puso por segunda vez sitio a Dora, combatiéndola sin cesar, y levantando máquinas de guerra contra ella; y encerró dentro a Trifón, de tal suerte que no podía escapar.

26 Simón envió para auxiliarle dos mil hombres escogidos, y plata, y oro, y muchas alhajas;

27 mas aquél no quiso aceptar nada; antes bien, rompió todos los tratados hechos con él anteriormente, y se le mostró contrario.

28 [3640] Envió a Atenobio, uno de sus amigos, para tratar con Simón, y decirle de su parte: “Vosotros estáis apoderados de Jope y de Gazara, y del alcázar de Jerusalén, que son ciudades pertenecientes a mi reino.

29 Habéis asolado sus términos, y causado grandes daños al país, y os habéis alzado con el dominio de muchos lugares de mi reino.

30 Así que, o entregadme las ciudades que ocupasteis, y los tributos exigidos en los lugares de que os hicisteis dueños fuera de los límites de Judea;

31 o si no, pagad quinientos talentos de plata por aquellas ciudades, y otros quinientos por los estragos que habéis hecho, y por los tributos de las ciudades; pues de lo contrario iremos y os haremos guerra”.

32 Llegó Atenobio, amigo del rey, a Jerusalén, y viendo la magnificencia de Simón, y el oro y plata que brillaba por todas partes, y el grande aparato de su casa, se sorprendió sobremanera. Le dijo luego las palabras que el rey le había mandado.

33 Simón respondió en estos términos: “Nosotros, ni hemos usurpado el territorio ajeno, ni retenemos nada que no sea nuestro; sólo, sí, hemos tomado lo que es herencia de nuestros padres, y que nuestros enemigos poseyeron injustamente por algún tiempo.

34 Y habiéndonos aprovechado de la ocasión, nos hemos vuelto a poner en posesión de la herencia de nuestros padres.

35 Por lo que mira a las quejas que nos das tocante a Jope y Gazara, los de estas ciudades causaban grandes daños al pueblo y a todo nuestro país; estamos prontos a dar por ellas cien talentos. A lo que Atenobio no respondió palabra.

36 Pero volviéndose irritado a su rey, le dio parte de esta respuesta, y de la magnificencia de Simón, y de todo cuanto había visto; y se e indignó el rey sobremanera.

Nuevas vejaciones

37 [3641] En este intermedio Trifón se escapó en una nave a Ortosiada.

38 Y el rey dio el gobierno de la costa marítima a Cendebeo; y entregándole un ejército compuesto de infantería y caballería,

39 le mandó marchar contra Judea, ordenándole que reedificase a Gedor, y reforzase las puertas de la ciudad, y que domase el pueblo. Entretanto el rey perseguía a Trifón.

40 [3642] En efecto, Cendebeo llegó a Jamnia, y comenzó a vejar al pueblo, a talar la Judea, a prender y matar gente, y a fortificar a Gedor,

41 en la cual puso caballería e infantería para que hiciese desde allí correrías por Judea, según se lo mandó el rey.

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1 Macabeos 16

Victoria dé los hijos de Simón

1 [3643] Habiendo Juan subido de Gazara, y enterado a su padre Simón de los daños que causaba Cendebeo en el pueblo;

2 llamó Simón a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: “Yo y mis hermanos, y la casa de mi padre hemos vencido a los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta este día, y hemos tenido la dicha de libertar muchas veces a Israel.

3 [3644] Mas ahora yo ya soy viejo; y así entrad vosotros en mi lugar y en el de mis hermanos, y salid a pelear por nuestra nación; y el auxilio del cielo sea con vosotros.”

4 En seguida escogió del país veinte mil hombres aguerridos de tropa de infantería y caballería, los cuales marcharon contra Cendebeo, y durmieron en Modín;

5 de donde partieron al rayar el día, y avanzando por la llanura descubrieron un numeroso ejército de infantería y de caballería, que venía contra ellos, mediando un impetuoso torrente entre ambos ejércitos.

6 Entonces Juan hizo avanzar sus tropas para acometer; mas viendo que éstas temían pasar el torrente, pasó él primero, y a su ejemplo le pasaron todos en seguida.

7 Hecho esto dividió en dos partes su infantería, colocando en medio de ella la caballería, por ser muy numerosa la de los enemigos.

8 [3645] E hicieron resonar las trompetas sagradas, y echó a huir Cendebeo con todas sus tropas; muchas de éstas perecieron al filo de la espada, y las que escaparon con vida se refugiaron en la fortaleza.

9 [3646] En esta acción quedó herido Judas, hermano de Juan; pero Juan los fue persiguiendo hasta Cedrón, la que había sido reedificada.

10 Muchos llegaron hasta los castillos que había en las llanuras de Azoto; pero Juan les puso fuego, dejando muertos allí dos mil hombres, y regresó felizmente a Judea.

Simón es muerto por su yerno Ptolomeo

11 A este tiempo Ptolomeo, hijo de Abobo, se encontraba de gobernador del llano de Jericó, y tenía mucho oro y plata;

12 pues era yerno del Sumo Sacerdote.

13 Se le hinchó de soberbia el corazón, y quería hacerse dueño del país; a cuyo fin maquinaba cómo quitar la vida por medio de alguna traición a Simón y a sus hijos.

14 [3647] Hallábase éste a la sazón recorriendo las ciudades de Judea, tomando providencias para su mayor bien, y bajó a Jericó con sus hijos, Matatías y Judas, en el undécimo mes, llamado Sabbat, del año ciento setenta y siete.

15 Les salió a recibir el hijo de Abobo con mal designio, en un pequeño castillo llamado Doc, que había él construido; donde les dio un gran convite, poniendo gente en asechanza.

16 Y cuando Simón y sus hijos hubieron tomado vino, se levantó Ptolomeo con los suyos, y tomando sus armas entraron en la sala del banquete, y asesinaron a Simón, y a sus dos hijos, y a algunos de sus criados;

17 cometiendo una gran traición en Israel, y volviendo mal por bien.

Juan Hircano, hijo de Simón, escapa a la muerte

18 Después Ptolomeo escribió todo esto al rey, rogándole que le enviase tropas en su socorro, prometiéndole entregar en su poder el país con todas sus ciudades y los tributos.

19 Despachó asimismo otros a Gazara para que matasen a Juan; y escribió a los oficiales del ejército para que se viniesen a él, que les daría plata y oro y dones.

20 Envió otros para que se apoderasen de Jerusalén y del monte donde estaba el Templo.

21 Pero se adelantó corriendo un hombre, el cual llegó a Gazara y contó a Juan cómo habían perecido su padre y hermanos, y como Ptolomeo había enviado gentes para quitarle a él también la vida.

22 Al oír tales cosas se turbó en gran manera Juan, pero luego se apoderó de los que venían para matarle; haciéndoles quitar la vida, puesto que supo que maquinaban contra la suya.

Conclusión

23 El resto de las acciones de Juan, y sus guerras, y las gloriosas empresas que llevó a cabo con singular valor, y la reedificación de los muros hecha por él, y lo demás que ejecutó;

24 [3648] todo se halla descrito en el diario de su pontificado desde el tiempo que fue hecho príncipe de los sacerdotes, después de su padre Simón.

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Comentarios

* I. Se refiere a Antíoco VII Sidetes, que se proclamó rey el año 138 a. C. y reinó nueve años.

* 3. Los hombres malvados, aludidos en la carta del rey, son en primer lugar Alejandro Balas y Trifón.

* II. Dora, hoy día Tantura, a 9 kilómetros al norte de Cesárea del Mar.

* 15. El autor interrumpe la historia del asedio de Dora para dar a conocer la respuesta que mientras tanto había llegado de Roma. Cf. versículo 25.

* 16. El destinatario de la carta es Ptolomeo VII de Egipto.

* 22. s. Atalo, rey de Pérgamo, probablemente el segundo de este nombre. Ariarates o Ariarartes, rey de Capadocia. Arsaces VI, rey de los Partos (véase 14, 2). Los demás destinatarios son ciudades y repúblicas situadas en las islas y orillas orientales del mar Mediterráneo. Islas son: Aradón (Aradus), al norte de Sidón; Delos. Chipre, Coo, Rodas, Samos. Ciudades: Alicarnaso (Halicarnaso), Gnido, Mindos, Fasélides (Fasalís). Siden, todas situadas en Asia Menor; Sición y Lacedemonia (Esparta) en Grecia, y Gortina en Creta.

* 28 ss. Exigencias insolentes tanto en la forma como en el fondo. La ciudadela de Jerusalén estaba en poder de los israelitas desde los tiempos de David; Gazara (Guécer) fue conquistada ya por Josué (Josué 10, 33) y fortificada por Salomón (III Reyes 9, 15-17). Solamente Jope o Jafa (versículo 35) se hallaba fuera de los límites de Judá. El noble y vigoroso lenguaje del Macabeo expresa los derechos seculares de Israel sobre la Tierra Santa. Cf. Jeremías 30. 3 y nota.

* 37. El autor nos deja con la curiosidad de conocer el fin que tuvo este infame Véase sobre ello la nota a 13, 32. Ortosiada, probablemente Ortosia, en la costa de Fenicia, al norte de Trípolis.

* 40. Gedor: El texto griego dice: Cedrón. Mejor lección la de la Vulgata. No era ésta una guerra propiamente dicha, sino un continuo hostigamiento junto con pillaje y matanzas locales.

* I. Éste era Juan, hijo de Simón, a la inversa de Pedro, a quien Jesús llama “Simón hijo de Juan” (Juan 21, 15). En la historia se le da el nombre de Juan Hircano.

* 3. Vemos continuarse así, en esta ilustre familia, una vocación guerrera que le había sido impuesta por la necesidad. No era tal ciertamente el ideal de Simón, como puede verse en 14, 11 ss. Véase también, con respecto a Judas, II Macabeos 11, 15 y nota.

* 8. Las trompetas sagradas eran de plata y las tocaban solamente los sacerdotes. Véase Números 10, 1 ss.

* 9. Hasta Cedrón: Véase 15, 40 y nota.

II. Nada se sabe de este -Ptolomeo sino el abominable crimen que aquí cometió contra Simón, su ilustre suegro (versículo 16). Con éste pereció el último de los hijos de Matatías (2, 1 ss.), en forma trágica como sus cuatro hermanos, inmolados todos al bien de Israel, no menos que los sublimes mártires Eleázaro (II Macabeos 6, 18 ss.) y los siete hermanos llamados Macabeos, con su madre (II Macabeos 7, 1 ss.).

* 14. El año 177 de los Seléucidas coincide con el año 135 a. C. Simón murió a comienzos del año 135. Sabbat, o Schebaf. Enero-febrero.

15. Doc, hoy día Ain Duk, situado al noroeste de Jericó en el mismo monte en que se cree que fue tentado el Señor (monte de la Cuarentena).

* 24. Libro desgraciadamente perdido. Josefo en sus antigüedades trae un relato de esas hazañas. Juan, con el sobrenombre de Hircano, desempeñó el Pontificado durante 31 años y murió el año 105 a. C. Sus descendientes, poco concordes, se disputaron la herencia y llamaron a Pompeyo como árbitro. Éste vino con las legiones romanas, ocupó a Jerusalén el año 63 a. C. y puso fin a la dinastía de los Hasmoneos (Macabeos), instituyendo la dinastía idumea de Herodes. Así fue quitado el cetro a la tribu de Judá y estaba cerca El que había de venir (Génesis 49, 10). Aún le faltaba algo peor: su desaparición como pueblo, que fue el año 70 de nuestra era, cuando a raíz de la destrucción de Jerusalén por los romanos, comenzó la dispersión, que duró hasta nuestros días y continúa todavía en gran parte,