La Iglesia Católica conmemora el hecho prodigioso que permitió la elevación a los altares de san Pío de Pietrelcina, centrado en la curación de Matteo Pio Colella. El menor, de siete años de edad, ingresó de urgencia el 20 de junio de 2000 en la unidad de cuidados intensivos de la Casa Sollievo della Sofferenza.
El diagnóstico médico inicial determinó que el paciente padecía una meningitis fulminante. Para la mañana siguiente, el equipo clínico de la institución hospitalaria de San Giovanni Rotondo reportó el fallo de nueve órganos vitales, considerando cualquier intervención quirúrgica como ineficaz ante la gravedad del cuadro.
Ante la crisis, la madre del pequeño y varios frailes capuchinos del monasterio local iniciaron una vigilia de oración. Estas súplicas invocaban la intercesión del entonces beato capuchino para obtener el restablecimiento del infante.
De manera súbita, la condición de Colella experimentó una mejoría que los facultativos calificaron como asombrosa. Al despertar del coma, el niño relató haber visto a un anciano de barba blanca y hábito marrón que le aseguró su pronta recuperación.
La Santa Sede analizó el caso exhaustivamente, determinando que la sanación fue completa y carente de explicación científica. El 20 de diciembre de 2001, el papa Juan Pablo II aprobó formalmente este milagro.
Este reconocimiento eclesial constituyó el paso definitivo para la canonización del humilde fraile de Pietrelcina. El proceso confirmó la validez de la intercesión del santo y la fuerza de la oración comunitaria en momentos de vulnerabilidad extrema.